En pocos momentos como en una conferencia de prensa celebrada a inicios de diciembre del año pasado, el presidente de la República, Rodrigo Chaves, ha sido más claro en sus deseos de impactar las próximas elecciones.
“Si en el 2026 no hay 40 o 45 diputados y diputadas absoluta y diametralmente opuestos a los que ustedes y nosotros elegimos en este 2022-2026 (para) sacar a personas como las que ustedes saben, este país no va a poder arreglar estos problemas tan profundos”, empezó a comentar.
“Y yo no estoy metiéndome en beligerancia política porque yo no le estoy diciendo por quién votar; yo le estoy diciendo que la única oportunidad que tiene esta patria de arreglar al Poder Judicial, de arreglar a la Contraloría, de arreglar a los mandos medios (...) es que ustedes se amujeren y se ahombren (sic) y digan ‘vamos a apostar a formar un grupo lo suficientemente grande de diputados muy diferentes a los que hay hoy, para que cambien y terminen de cambiar esta patria”, dijo luego.
Otras declaraciones de tono similar coquetean desde hace meses con la idea de indicarle a la ciudadanía cuál es la mejor opción para los próximos comicios electorales, al punto que Chaves enfrenta varias denuncias por beligerancia política ante el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).

Aunque algunas de esas denuncias han sido archivadas, los magistrados le han tenido que recordar al jerarca que “debe evitar la ambigüedad en los mensajes que podrían comprometer su deber de neutralidad política, pues, como lo ha dicho el TSE en su jurisprudencia, ‘cualquier manifestación de una autoridad de gobierno que por su ambigüedad roce los límites de los preceptos u oscile en la frontera de las prohibiciones establecidas para quienes ejercemos función pública, no se aviene con el deber de neutralidad y compromete el sentido y espíritu de la disposición constitucional.”
Ambiguo en la forma respecto al tema electoral, el mensaje de fondo del presidente Chaves lleva un sentido: llamar a los electores para que actúen de cierta manera en la urnas bajo el argumento de que ese es el camino para lograr los cambios que cree que Costa Rica necesita y que él no ha podido implementar hasta ahora.
La insistencia del mandatario en sus comentarios electorales deja claro que en Zapote consideran que la estrategia dará resultados positivos, pero un nuevo estudio del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) indica que la situación no es tan sencilla y que el presidente Chaves puede tener una popularidad alta sin que eso signifique que los costarricenses están dispuestos a seguir sus consejos sobre por quién votar.
Según la más reciente encuesta del CIEP, el 84% de los costarricenses está en desacuerdo o muy en desacuerdo con que Rodrigo Chaves les diga por quién deben votar. El mismo estudio señala que el 54% de los ticos tiene una opinión positiva de Chaves, pero solamente el 13% está de acuerdo o muy de acuerdo con que el político les diga dónde deben marcar en la papeleta.
Esta es la primera vez que los investigadores deciden incluir una pregunta relacionada con las indicaciones de un presidente en ejercicio sobre por quién deberían votar o por quién no deberían votar los ciudadanos, otra señal de cómo la política en Costa Rica ha cambiado en los últimos años.
“Uno de nuestros objetivos en esta edición de la encuesta era analizar cómo percibían las personas el hecho de que el presidente Rodrigo Chaves pueda estar queriendo influir en la decisión de voto. Queda muy claro que existe un fuerte rechazo a esa idea”, indicó a El Financiero el politólogo Ronald Alfaro, investigador del CIEP.

¿De ministro a candidato presidencial?
El 30 de enero pasado, cuatro ministros de Estado renunciaron a su puesto, justo un día antes de que venciese el plazo legal si tenían interés en concursar por la presidencia o la vicepresidencia de la República en las elecciones del 2026.
Dejaron el cargo la ministra de la Presidencia, Laura Fernández; el ministro de Obras Públicas y Transportes (MOPT), Mauricio Batalla; la ministra de Educación Pública (MEP), Anna Katharina Müller; y el ministro de Economía, Industria y Comercio (MEIC), Francisco Gamboa.
Fernández y Batalla han sido los más claros en su interés por la presidencia y hasta han aparecido en vallas publicitarias y marchas de apoyo a Chaves, pero Batalla decidió dejar sus aspiraciones políticas, al menos temporalmente, tras conocerse hace pocos días detalles sobre denuncias de abuso sexual en su contra.
La salida de Batalla no le garantizó la bendición a Fernández. Pilar Cisneros, jefa de la fracción oficialista en la Asamblea Legislativa y una de las personas más cercanas al proyecto político de Chaves, no está segura de que ella sea la mejor opción.
Cuando en el programa de televisión El Octavo Mandamiento le preguntaron “Si tuviera que proponer un candidato, ¿se le hubiera ocurrido doña Laura Fernández?”; la respuesta fue un “diay, no sé”, mientras negaba con la cabeza. Cuando le repreguntaron fue más clara: no la hubiera propuesto. “Dicen que es la candidata del oficialismo”, siguió el entrevistador. Cisneros se quedó en silencio un momento y luego replicó: “usted sabe más que yo”.
Aún ganando algún día el respaldo del chavismo del que carece actualmente, los datos del CIEP indican que ni Fernández ni ninguna otra persona hereda en este momento el apoyo que tiene Rodrigo Chaves. De hecho, Fernández aparece con una intención de voto de 2% en una encuesta cuyo margen de error es de 3%. El 7% de los entrevistados respondió que votaría por el candidato del Partido Liberación Nacional, independientemente de quién sea.
No obstante, la historia reciente de Costa Rica enseña que ya no es extraño que una persona con intención de voto relativamente baja incluso pocas semanas antes de las elecciones pueda terminar llegando a la presidencia. Sucedió con Luis Guillermo Solís, con Carlos Alvarado y también con Rodrigo Chaves.
Sin embargo, los datos del CIEP publicados los primeros días de abril implican que mensajes de apoyo del mandatario hacia un candidato, incluso mediante indirectas, podrían generar incomodidad en ese amplio grupo de la población que no está de acuerdo con que les digan por quién deben votar.
“Yo creo que eso refleja la forma en que las personas perciben el tema del voto, que esa decisión tiene que ser una decisión más privada”, añadió Ronald Alfaro.
Lo mismo podría suceder con la votación para diputados, una elección que también se celebrará en febrero del 2026. En este momento el chavismo no tiene un partido político oficial y sus cabezas tampoco sienten urgencia en tenerlo.
“Tan chavista es Pueblo Soberano, como es Motiva, como es Renacer Democrático, como es lo que queda de Costa Rica Manda y tal vez algunas de las estructuras del Partido Progreso Social Democrático”, dijo Pilar Cisneros a finales de marzo en declaraciones recogidas por el medio digital El Mundo.
“Todavía no hemos decidido cuál es (el partido chavista). Ese es el punto. No hemos dado una línea clara, es este, es el partido X y todos vamos por el partido X, porque eso además conlleva la necesidad de abrazar las estructuras que no sean al final seleccionadas e incorporarlas en el partido que sea el seleccionado. Eso toma tiempo y eso no lo hemos decidido”, añadió.
Ya quedó claro que la falta de partido no ha impedido al presidente Chaves ir indicando a la población cómo debería actuar al elegir a los próximos diputados, pero, como el caso de la candidatura presidencial, una indicación de este tipo podría no ser bien recibida por la mayoría de los ticos, incluyendo al menos parte de personas que lo apoyan a él de manera inequívoca.
“Mi hipótesis, (mi) convencimiento es que Costa Rica necesita hacer cambios que requieren al menos 40 diputados en la Asamblea Legislativa que viene”, dijo Chaves en una actividad pública a inicios de febrero.
“Escojan ustedes si quieren mantener el poder de reforma debilitado entre muchas fracciones o si van a tomar la decisión de dárselo a un grupo de costarricenses en el Congreso que sí tenga la masa crítica para reformar cosas como nuestro Poder Judicial, las leyes contra el crimen, sicariato, narcotráfico, alcahuetería contra los que victimizan, en lugar de defender los derechos de las víctimas, las cosas que a ustedes no les gusten”, agregó.
Cuando finalmente el chavismo tenga su persona candidata a la presidencia y al menos un partido oficial con el cual quieran llevar diputados a la Asamblea, las fichas del tablero político costarricense vivirán un nuevo acomodo.
“Es un gran desafío que el presidente Chaves pueda pasar su popularidad a alguien más en estas circunstancias, porque el de él es un liderazgo personalista. Debemos seguirle la pista a esto, sin duda. Por ahora da la impresión de que todavía no está consolidada una alternativa, todo está como muy a la libre, pero debemos seguir observando para analizar cómo se desarrolla este tema”, concluyó Alfaro.