Alcanzar un siglo de vida es un hito reservado para muy pocas empresas en Costa Rica. Tiendas Universal llega en 2026 a un siglo de operaciones con la premisa de ser una tienda departamental que acompañe a las familias costarricenses en las etapas más importantes de sus vidas.
Lo que empezó como una imprenta y papelería es hoy una compañía con 11 tiendas físicas que da empleo directo a unas 400 personas. Con motivo de su aniversario, El Financiero conversó con Marisya Federspiel, directora de comunicación de Universal para conocer más detalles del negocio.
La empresa nació en 1926 enfocada en productos de papelería. ¿Cuáles han sido las claves para llegar al centenario de operaciones y cómo ha cambiado el formato del negocio a lo largo del tiempo?
Para Universal no han sido “100 años de éxito” sino 100 años de adaptación e innovación, siempre basados en las necesidades de nuestros clientes y de las familias de Costa Rica. La empresa nació cuando mis abuelos llegaron al país huyendo de una guerra. Venían de ver miles de familias y niños con armas, sin acceso a educación, y al llegar aquí, sin tener nada, se plantearon que si lograban que las nuevas generaciones recibieran una buena educación desde pequeñas, sería más probable evitar guerras futuras.
De esa convicción nace Librería e Imprenta Universal: una imprenta para producir cuadernos para los niños que iban a la escuela y una librería para acercarles materiales educativos.
Con el tiempo, a esa librería e imprenta se sumó la venta de juguetes de madera elaborados por artesanos costarricenses, aprovechando el flujo de familias que llegaban a comprar útiles.
Más adelante, en una feria internacional de juguetes, mis padres vieron árboles de Navidad decorando las áreas de exhibición. Llevaron uno como elemento decorativo para la sección de juguetes en la tienda y una clienta preguntó si estaba a la venta. Al año siguiente trajeron diez árboles, se vendieron todos y así Universal empezó a asociarse también con la Navidad. De ser imprenta y librería pasamos a juguetería, luego a “tienda oficial de la Navidad” y finalmente a tienda por departamentos.
¿Cómo está la categoría de libros actualmente en Universal?
La categoría de libros ha sufrido cambios importantes. Hace 30 años, el espacio dedicado a libros en Universal era mucho mayor que hoy. No es que no queramos vender libros; es que debemos adaptarnos a la demanda y a la oferta de editoriales.
Dicho eso, el interés por la lectura y por el libro físico sigue existiendo. Lo que hacemos es analizar muy bien, junto con editoriales y proveedores, qué títulos y tipos de libro tienen sentido para nuestros clientes y ajustar el espacio en función de esa realidad. La categoría ha cambiado, pero no ha desaparecido.
Dentro de la oferta actual, ¿qué categorías son las que más pesan en ventas?
El comportamiento está muy marcado por las temporadas. Si vemos el año completo, los departamentos más fuertes siguen siendo útiles escolares, juguetes y Navidad, que son, además, las categorías con las que iniciamos. En los últimos años, áreas como hogar y tecnología han crecido con fuerza, pero el corazón de Universal continúa siendo escolar, juguetería y temporada navideña.

La educación hoy es mucho más digital que hace décadas. ¿Cómo han visto el cambio en la demanda de artículos escolares?
La demanda se ha transformado y nosotros nos hemos adaptado. Hay instituciones que han dejado de pedir libros físicos, pero los cuadernos siguen siendo muy utilizados. Por eso manejamos un mix de productos acorde con lo que está pidiendo el sistema educativo. El departamento de tecnología ha crecido y cambiado: antes teníamos un gran departamento de audio y video, lleno de CDs, discos y tocadiscos; con el tiempo, esa categoría se redujo y hoy es un área de tecnología renovada, pensada para las necesidades actuales tanto educativas como del público en general.
Las tiendas por departamentos enfrentan hoy una competencia fuerte con supermercados que han ampliado su oferta. ¿Cómo se ha mantenido vigente Universal frente a esa competencia?
Una clave es que somos una empresa familiar 100% costarricense que conoce muy bien el mercado local. No somos una multinacional que debe pensar en tendencias globales y luego adaptarlas; compramos pensando exclusivamente en lo que funciona para las familias costarricenses. Ese conocimiento nos permite seleccionar proveedores y fabricantes con los que hemos construido relaciones de largo plazo, y elegir productos de calidad que realmente se ajustan al gusto y necesidad del país.
Además, lo que entra a la tienda se vende aquí: no tenemos la opción de trasladar inventario a otra nación si algo no funciona. Eso nos obliga a ser muy cuidadosos al comprar. Nos hemos ganado la confianza de nuestros clientes en dos aspectos: calidad y respaldo. Hoy el reto es tener productos de calidad, a buen precio, innovadores y vigentes. No sacrificamos calidad para competir solo por ser más baratos; trabajamos más fuerte en la compra para ofrecer precios competitivos sin bajar estándares.
En el marco del centenario, anunciaron la apertura de tres tiendas temporales fuera de la Gran Área Metropolitana. ¿Qué criterios guiaron esa decisión y por qué optar por tiendas pop‑up?
Estudiamos zonas donde podíamos llevar nuestra propuesta a más familias, valorando ubicación, alcance y necesidades de las comunidades. Optamos por tiendas pop‑up, estructuras tipo carpa de alrededor de 2.000 m², pensadas para operar durante unos siete meses, tiempo que dura la celebración principal del centenario.
Estas tiendas temporales tienen varios objetivos: acercar más productos a regiones fuera del GAM, generar empleo directo para entre 100 y 150 personas adicionales, crear empleo indirecto, y llevar experiencias navideñas a esas comunidades. Al final del periodo se evaluará si la tienda permanece, se ajusta o se traslada a otra zona.
¿Cómo han funcionado sus 11 tiendas físicas en centros comerciales en los últimos años, sobre todo después de la pandemia?
Ha sido retador. Hemos tenido años muy buenos y otros más difíciles. Después de la pandemia, poco a poco las familias han vuelto a salir, pasear y visitar tiendas físicas. Estamos trabajando para que la experiencia de compra vuelva a ser central: que las familias vivan momentos al escoger juguetes, útiles escolares o decoración, como lo hacían generaciones anteriores viendo vitrinas en el centro.
Al mismo tiempo, hemos fortalecido el canal digital: página web, tienda en línea y marketplace. Buscamos innovar en lo digital sin perder el valor de la tienda física. El tráfico en puntos de venta se ha ido recuperando y vemos incremento de visitas; por eso nuestra apuesta es híbrida: experiencia presencial fuerte y una plataforma digital confiable y robusta.
Tienen alrededor de 30.000 productos en la tienda en línea. ¿Cómo ha evolucionado la venta digital y qué rol juega la confianza en la marca?
La venta digital crece año con año y la confianza en Universal es un factor decisivo: el cliente sabe que el producto que ve en la web es el que recibirá y que será de calidad. En un contexto donde globalmente hay más cautela al comprar en línea, ese respaldo pesa mucho.
También hemos identificado comportamientos mixtos: personas que van a la tienda, ven y prueban productos, y luego compran por WhatsApp o sitio web. Por eso hemos relanzado la página con más productos y mejor experiencia y estamos reforzando el canal digital como un complemento, no un sustituto, de la tienda física.
En cuanto a juguetes, ¿qué peso tiene hoy el comprador adulto, especialmente en líneas como LEGO, y cómo han adaptado la oferta?
Es un segmento muy relevante. Hay adultos que compran LEGO y otros juguetes para sí mismos, pero también hay muchos que invitan a sus hijos a construir juntos y compartir lo que ellos jugaban de niños. LEGO es una marca que ha sabido adaptarse sin perder su esencia.
Nosotros vemos que la compra adulta impulsa la categoría, porque el adulto no solo adquiere para sí, sino que introduce al niño en la construcción y el juego compartido.
