Durante junio y julio disfrutamos un nuevo campeonato mundial de futbol. Aparte de la gran expectativa que genera para una mayoría de la población, también hemos sido testigos de cómo el juego ha evolucionado hacia grandes cambios relacionados con el uso de la tecnología.
Nos hemos acostumbrado al video arbitraje, estamos viendo cómo la determinación del fuera de juego se ha vuelto más exacto; el balón está programado para brindar información inmediata al árbitro, por otro lado existen sistemas que permiten determinar el desempeño de los jugadores en tiempo real; como la velocidad o la distancia recorrida, datos que usados correctamente facilitan la toma de decisiones de quienes tienen la potestad de utilizar esa información.
Sin embargo, aún con toda los datos disponibles y avances tecnológicos, el objetivo sigue siendo el mismo, anotar más goles que el rival, quienes sin duda también tienen acceso a datos similares, por lo cual el resultado final dependerá, entre otras cosas, de una buena estrategia del entrenador y de un grupo muy comprometido y competente, lo que, similar al objetivo del juego, representa la misma convicción que ha existido desde siempre.
Esta realidad no es diferente a lo que sucede en otras disciplinas o quizá en todas las áreas de la vida. Particularmente me viene a la mente lo que sucede con las auditorias financieras, que similar al futbol no es ajena a los cambios que el uso de las nuevas tecnologías ha estado provocando.
Es claro que no genera tantas pasiones y los cambios usualmente no son tan vertiginosos, pero no hay duda de que grandes cambios han acontecido.

Recuerdo a inicios de este milenio, cuando recién concluía la universidad e iniciaba laborando en un despacho, que las auditorías financieras se realizaban 100% presenciales, lo que implicaba tener que salir de casa diariamente y nos obligaba a convivir muchas horas con un grupo de trabajo. Se requería desarrollar habilidades interpersonales y de convivencia laboral para tener un buen ambiente y así lograr los objetivos propuestos, las computadoras debíamos cargarlas en cajas llevando por un lado el monitor, en otro la computadora, el teclado y diskettes (para quienes rondan los 20 años quizá no tengan idea de que esto haya existido).
Cómo olvidar cuando teníamos que cargar enormes legajos de papeles de trabajo y una telaraña de cables necesaria para las conexiones. Esto obligaba a las empresas donde se realizaba la auditoria a contar un espacio suficiente y adecuado para instalar todo lo necesario, así como recibir a los auditores por varias semanas en sus oficinas.
Un corte de electricidad solía ser bastante trágico si no estábamos acostumbrados a salvar con frecuencia el trabajo. Mucha información era manual y una calculadora era un insumo indispensable para sobrevivir en estas labores.
Una impresora también era un instrumento muy valioso y la cantidad de papel consumido era relevante. En la actualidad, es posible realizar el trabajo de manera remota, lo que permite realizar trabajos desde ubicaciones muy distantes sin mayor inconveniente, tener laptop de alta capacidad de procesamiento es una necesidad básica, el acceso a internet resulta indispensable, ya que el trabajo en la mayoría de las veces se hace en línea y está respaldado en la nube, imprimir en papel no es bien visto y con el uso de la inteligencia artificial y una pregunta bien formulada es posible obtener en segundos respuestas muy acertadas para las cuales antes se requería horas de lectura y estudio profundo.
Existen sistemas que permiten analizar miles datos en segundos. Sin embargo, de manera similar al futbol, el objetivo no ha cambiado, sigue siendo obtener información suficiente y competente que permita determinar la razonabilidad de los estados financieros.
Es evidente que ha cambiado la forma de llevar a cabo o ejecutar los procedimientos, pero el objetivo final no. Continúa entonces siendo imperativo que alguien establezca una adecuada estrategia para realizar una auditoría y que los recursos sean asignados apropiadamente en tiempo y forma, que incluye que el trabajo sea realizado por personas con un alto grado de experiencia que les permita analizar si la documentación es inconsistente con el conocimiento de la operación del negocio o levantar sospechas si, por ejemplo, existen atrasos en la entrega de información que debiera estar fácilmente disponible o que pueda identificar si una actitud ante una pregunta o conversación pueda revelar el indicio de que alguien podrían estar cometiendo un fraude o que de alguna manera pretende esconder información o desviar la atención.
La tecnología, entonces, nos facilita la obtención y procesamiento de datos, pero sigue siendo indispensable la pericia y el escepticismo profesional para realizar un buen trabajo de auditoría.
Es ese “detenernos a pensar” en donde está el punto de inflexión para sobresalir y tomar ventaja de la vasta información y tecnología existente. Esto es similar, por ejemplo, a las facilidades de movilización que nos permiten algunas plataformas de inteligencia artificial que nos sugieren cuáles son las mejores rutas para llegar a un destino específico, pero es siempre el conductor del auto, quien con base en su experiencia, decide por dónde y de qué forma transitar para llegar de manera segura a su destino.
Acá es donde existe una enorme oportunidad, y es que siempre será necesario que alguien con pericia y suficiente experiencia pueda analizar y concluir acertadamente sobre un tema o revisión específica, tomando los datos y discriminando aquellos que no son relevantes.
Resulta necesario desarrollar estudiantes y profesionales que, si bien deben ser muy ágiles usando la tecnología, también se desarrollen con habilidades técnicas y blandas que les permitan un pensamiento crítico lo que otorga una ventaja competitiva.
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El autor es socio de Auditoría de Grant Thornton.